Esta boda ha sido una que nos ha deparado el 2017. En Chipiona, un rinconcito de Cádiz, conocimos a Antonio y Maria regla. Dos hijos en común, Antonio y la juguetona Martina. Un matrimonio al que deparamos mucha felicidad. En casa del novio, había mucha tranquilidad, tranquilidad que supimos aprovechar para robarle el novio a la familia, encerrarlo en una habitación y conseguir que se vistiera con toda la tranquilidad del mundo. Tanta que se nos hizo tarde, según lo planeado.

Nos encantó en este caso la elección de la ropa del novio. Conjugaba con ella perfectamente y con la luz tan blanca que existía en la habitación. Jugamos mucho con un espejo que existía en la habitación y con una foto de su padre en la mesilla que existía junto a la cama.

La casa de la novia fue algo diferente. Una casa con un ambiente algo mas ajetreado. Nos encantó la disposición en la que se encontraba la novia así como todo el ajuar que le acompañaba. Esta foto nos gusta de manera muy especial ya que nos recuerda a las películas disney donde la princesa se mira al espejo.

Nos llamó la atención como el maquillaje y la peluquería de la novia no tuvo pruebas ninguna. Se tiraron al precipicio acertando totalmente Maria Regla. Sabia perfectamente lo que quería y como lo quería. Lo que mas recordamos de la casa de la novia, fue el problema que nos encontramos cuando la novia estaba preparada: ¡el traje se manchó de maquillaje!. Y buenos remedios que aprendimos para solucionar dicho problema.

El convento de Regla, fue un lugar emblemático de la ciudad. Su iluminación nos regaló fotografías muy bien saturadas y con tonos muy dorados, esos que tanto nos encanta al equipo de Unaryco.

Antonio dedica algunos fin de semanas a cantar en bodas para amigos y o familiares que lo requieren. En su boda no fue menos, y aunque la espera de la novia fue algo eterna; y el calor nos mataba, llegó el momento en que Antonio arrancó con su voz portentosa mientras su futura esposa llegaba al altar.

Fue como de costumbre, hasta después de la ceremonia, cuando Maria Regla se relajó bastante, después de llegar tarde por culpa del problema que tuvimos con el traje. En el reportaje, mientras unos y otros se retocaban, aproveché para sacar primeros planos de uno y otro.

Una de esas fotografías que mostraban su tranquilidad en ese momento es esta misma, donde María Regla descansa sobre Antonio mientras lo mira enamoradamente. La fotografía se tomó entre las almenas de una pequeña capilla que hay junto a la playa y la iglesia donde se casaron.

Nunca tuvimos la suerte de entrar en el patio de los claustros del convento de Regla en Chipiona. La verdad es que nos sorprendimos gratamente, incluso desmontamos un poco los recibidores y las macetas. Salieron fotografías muy bonitas y con una iluminación natural que destacaban los motivos de manera sobrehumana.

Después de una larga cena y recepción, el baile era lo mas complicado para ello. Bailaron lo justo y necesario (para hacerse la foto creo yo), pero nos salieron momentos muy bonitos como estos. Lo mejor fue Antonio cantando «Maria la Protuguesa».

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